Internacionales
Detienen obra de zona fronteriza de Texas con México
La jueza Kathleen Cardone, de una corte federal en Texas, emitió ayer un fallo que impide temporalmente al gobierno del presidente Trump construir un muro fronterizo, así como otra infraestructura en la región texana del Big Bend, Parque Nacional.
De acuerdo con la nota periodística de AP, esto supone una victoria para propietarios de tierras, empresas y ambientalistas de la región, que se unieron para oponerse a los proyectos de infraestructura previstos, los cuales forman parte de un plan de 46 mil millones de dólares del Gobierno de Trump para cubrir la frontera sur con una combinación de vallas de acero de 9 metros de altura, barreras para vehículo, caminos y tecnología de vigilancia.
El fallo de la juez incluye el Parque Nacional Big Bend, que se encuentra en una curva del rio Bravo, pero también se extiende a todo el sector de Big Bend, de aproximadamente 800 kilómetros de longitud, que representa alrededor de una cuarta partes de los aproximadamente 3 mil 300 kilómetros de la frontera de EStados Unidos con México.
(Reforma, 3 de octubre, página 12., de AP)
Los océanos registraron 100 días consecutivos de calor mientras El Niño suma una nueva amenaza
Entre el 2 de junio y el 10 de septiembre, las aguas oceánicas de todo el mundo —con excepción de las regiones polares— sumaron 100 días consecutivos de temperaturas medias récord en su superficie. Así lo revelan las mediciones de Climate Reanalyzer, plataforma científica coordinada por el Instituto de Cambio Climático de la Universidad de Maine, en Estados Unidos.
Durante ese lapso, las temperaturas superficiales del mar superaron cualquier registro previo para esa misma fecha desde 1982. Uno de los momentos más críticos se constató el 22 de agosto, cuando la media superficial del océano global trepó hasta los 21.10 °C, de acuerdo con los registros del Servicio de Cambio Climático de Copernicus de la Unión Europea. Por su parte, Climate Reanalyzer detectó mediciones aún más extremas entre el 22 y el 27 de agosto, con valores promedio que alcanzaron los 21.18 °C (70.12 °F). Esta plataforma procesa los datos globales de temperatura superficial recopilados por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos. (NOAA).
Todo indica que estas marcas históricas se mantendrán en niveles elevados durante los próximos meses “dado el estado de intensificación de El Niño”, advirtió Zachary Labe, climatólogo de Climate Central, una organización estadounidense sin fines de lucro enfocada en la divulgación de las ciencias del clima.
Durante una rueda de prensa convocada el 10 de septiembre para evaluar los datos de Climate Reanalyzer, Labe explicó que este calentamiento oceánico récord se inscribe en una tendencia prolongada provocada por la crisis climática de origen antropogénico. Sin un recorte sustancial en las emisiones de gases de efecto invernadero, advirtió el especialista, las aguas continuarán calentándose sin freno.
Diversos especialistas alertan que este calentamiento marino inédito pone en jaque a los ecosistemas acuáticos, desestabiliza los patrones climáticos de escala global y amenaza a las economías que dependen del mar para garantizar su seguridad alimentaria, el sustento diario de sus poblaciones y la protección de sus costas.
El calor oceánico afecta a los ecosistemas, las economías y la salud
Los océanos absorben cada año una cantidad astronómica de energía térmica. Según un análisis publicado en la revista Advances in Atmospheric Science, a lo largo de 2025, el mar acumuló 23 zettajulios, una cantidad colosal comparable a la energía liberada por la detonación de unas 12 bombas atómicas por segundo de forma ininterrumpida. La cifra supone un incremento superior al 43 % respecto de los 16 zettajulios de calor absorbidos durante 2024.
Este exceso térmico no se concentra únicamente en la capa marina superficial —los primeros 200 metros de profundidad—, sino que ya penetra en las capas oceánicas más profundas, advirtió Labe.
“Todo esto tiene consecuencias significativas”, afirmó. “Afecta a los ecosistemas marinos. Modifica la geografía de cada uno de los eslabones de la cadena alimentaria marina. También afecta a nuestra economía: actividades como la pesca y el turismo. Asimismo, incide en el sistema climático físico y el estado del tiempo. Puede influir en los huracanes o dañar los ecosistemas marinos a través del coral”.
Las anomalías térmicas en el océano también alimentan olas de calor en tierra firme, sobre todo a lo largo de las franjas costeras, de acuerdo con Claire Bergin, investigadora del Centro de Investigación Climática ICARUS de la Universidad de Maynooth, en Irlanda. Bergin forma parte del equipo científico de World Weather Attribution, iniciativa dedicada a determinar si los eventos meteorológicos extremos guardan relación directa con el cambio climático.
“Existe un vínculo directo entre el aumento de la temperatura del mar y la intensidad de las olas de calor terrestres”, señaló Bergin durante la rueda de prensa. La investigadora detalló que las olas de calor que golpearon a Europa durante el verano, en particular en sus zonas costeras, se vieron “exacerbadas” por las temperaturas elevadas del agua marina.
Bergin explicó además que el calentamiento del mar está vinculado al incremento de la temperatura de bulbo húmedo sobre el continente —el registro más bajo que puede alcanzar el aire por efecto de la evaporación—, un indicador crítico para la capacidad de las personas de regular su temperatura corporal. Mientras más alta es la humedad en el aire, más lenta resulta la evaporación del agua.
“Una temperatura de bulbo húmedo más elevada perjudica a la salud humana, ya que el alto contenido de humedad disminuye nuestra capacidad para regular la temperatura corporal”, indicó Bergin. “Esto demuestra con claridad que las altas temperaturas marinas no se limitan al mar: afectan a la vida marina, a la industria alimentaria y turística, así como a la vida cotidiana de las personas”.
El Niño amplifica las amenazas
Si bien la comunidad científica coincide en que la crisis climática es la causa principal de estas temperaturas oceánicas extremas, el actual evento de El Niño, que comenzó en junio y que la NOAA pronostica como “muy fuerte”, podría sumar todavía más leña al fuego al amplificar el calentamiento global derivado de las actividades humanas.
El Niño es un fenómeno natural integrado en el ciclo conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), una fluctuación periódica de la presión atmosférica y las temperaturas del agua en el océano Pacífico tropical. Representa la fase “cálida” del patrón: ocurre cuando los vientos alisios pierden fuerza y las aguas cálidas se desplazan y acumulan frente a la costa occidental de Sudamérica, lo que incrementa las temperaturas a escala planetaria.
Los modelos científicos estiman que el actual episodio de El Niño alcanzará su punto de máxima intensidad hacia finales de 2026 y extenderá sus efectos a lo largo de 2027.
Con todo, la tendencia de fondo del calentamiento oceánico como respuesta al cambio climático sigue siendo el motivo central de preocupación para los expertos.
Durante la rueda de prensa, Pickerell, director global del programa de océanos del World Resources Institute —organización sin fines de lucro con sede en Estados Unidos—, insistió en que recortar las emisiones de gases de efecto invernadero resulta fundamental para contener este fenómeno. Enfatizó que no se trata de una carga individual, sino de un imperativo para los “grandes emisores” del sector industrial, que deben llevar adelante una transición urgente que deje atrás el petróleo y el gas. Pickerell también lidera la secretaría del Panel de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible, iniciativa que reúne a gobernantes de todo el mundo comprometidos con la conservación y el manejo responsable de los océanos.
El Acuerdo de París, suscrito en 2015, estableció como meta limitar el calentamiento global a 1.5 °C respecto a los niveles preindustriales, un umbral considerado por la ciencia como decisivo para esquivar las consecuencias más catastróficas del colapso climático. Sin embargo, un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente advierte que las temperaturas del planeta probablemente superarán ese margen en los próximos años, lo que empujará a la Tierra hacia un escenario de riesgo creciente.
Este artículo se publicó originalmente en inglés en Mongabay, editado por Elizabeth Alberts.(Elizabeth Claire Alberts, 29 Sep 2026)
https://es.mongabay.com/2026/09/oceanos-100-dias-consecutivos-calor-el-nino-amenaza/
El Niño’ alcanza ya niveles récord y amenaza con cobrarse 450.000 vidas solo por el calor extremo
El fenómeno de El Niño no ha llegado aún a su pico de máxima intensidad, algo que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que ocurra a finales de este año, y la temperatura del agua en el área tropical del Pacífico considerada el epicentro de este evento ya está en niveles de récord. La anomalía en esa zona ha superado a mediados de este mes los tres grados Celsius y ha ascendido hasta un escalón similar al registrado en el apogeo de El Niño de hace 11 años, en noviembre de 2015.
Este fenómeno natural cíclico se caracteriza por un aumento del calor en la superficie del agua en latitudes tropicales del Pacífico oriental que acaba sacudiendo muchas otras partes del planeta. Por ejemplo, elevando las temperaturas, que ya están desbocadas en la Tierra debido al cambio climático. Y el calor mata. Un estudio de Climate Impact Lab, un centro de investigación de la Universidad de Chicago, advierte de que el actual fenómeno de El Niño puede causar 451.000 muertes ligadas a las temperaturas extremas en el próximo semestre.
Aunque El Niño comenzó a desarrollarse en junio, los investigadores han calculado el número de fallecimientos por calor previstos hasta febrero de 2027. Reconocen que la cifra final puede ser mayor porque los efectos de este evento previsiblemente se extenderán aún más meses. En cualquier caso, los 451.000 fallecimientos que calculan dan una idea de la dimensión del problema.
Los autores advierten de que las muertes se concentrarán de forma “abrumadora” en el Sur Global. “Se prevé que los países más afectados del Sahel experimenten 66.800 muertes por calor adicionales entre septiembre y febrero en comparación con un año normal, con casi la mitad de esas vidas perdidas en Nigeria (31.400)”, apunta el estudio. A este país se le unen otros de la misma región como Sudán (17.500), Níger (10.000) y Chad (8.000). En el sudeste asiático, se proyecta que el calor extra cause 19.400 muertes adicionales en Filipinas, Vietnam, Tailandia y Camboya, y 19.300 en Indonesia. Otras regiones también muy afectadas en los próximos seis meses son la India (15.800) y Brasil (13.300).
Emily Grover-Kopec, una de las autoras del informe, explica por correo electrónico que dos factores influyen en que los impactos vayan a ser peores en el Sur Global. Por un lado, la “estacionalidad”. “La previsión actual a seis meses cubre la temporada de verano en el hemisferio sur, cuando las temperaturas alcanzan su máximo anual en esas regiones. Por el contrario, cubre la temporada invernal en el hemisferio norte, cuando las temperaturas están en su mínimo anual en esas regiones”, añade la investigadora.
Por ejemplo, en España el estudio proyecta solo 477 muertes por calor ligadas a este evento, de las que 362 se concentrarían en septiembre. Madrid, con 130 fallecimientos, es la comunidad que acumulará más víctimas en España y la segunda región europea más afectada, tras Lombardía, en Italia. Pero Grover-Kopec advierte de que se espera que crezca “el número de muertes relacionadas con el calor en el hemisferio norte a medida que avanzamos hacia la primavera y el verano”.
Hay un segundo factor importante que influye en el desigual reparto de muertes entre el sur y el norte: la resiliencia. Lo explica así Grover-Kopec: “Las regiones con clima similar suelen tener resultados de mortalidad bastante diferentes debido a su capacidad para adaptarse y mitigar muertes relacionadas con el calor, de modo que las regiones pobres tienden a experimentar mayores cantidades de mortalidad por el calor que sus homólogas ricas cuando experimentan temperaturas similares”.
Los propios autores, en todo caso, reconocen que los fallecimientos por el calor son solo una parte de la historia. “Eso se suma a los impactos de sequías, incendios forestales e inundaciones esperados por temperaturas más altas y cambios en los patrones de lluvia” que causará este El Niño, que “podría convertirse en el más fuerte que se ha registrado”.
Medidas inmediatas
Ante esta perspectiva, la investigadora Grover-Kopec aboga por poner en marcha “medidas inmediatas” desde las Administraciones, como “sistemas de alerta temprana”, centros de refrigeración para la población, acciones para proteger a los trabajadores que ejercen al aire libre y “ampliación del acceso sanitario para poblaciones vulnerables”.
A miles de kilómetros de distancia, mientras el calor extremo se ha instalado en el Caribe colombiano desde hace días, el gobernador de California, Gavin Newsom, declaró el lunes el estado de emergencia en previsión de los impactos que tendrá El Niño. Esta declaración permite “actuar con mayor rapidez para proteger a las comunidades, desplegar recursos esenciales y reforzar la preparación antes de que el clima severo se intensifique”, según un comunicado del Gobierno de este Estado norteamericano. Porque ya se está perfilando “una temporada histórica de El Niño, que se prevé muy intensa, incluso la más fuerte registrada hasta la fecha”, añade el Ejecutivo demócrata. “El Pacífico está inusualmente cálido, y ese calor puede alterar las trayectorias de las tormentas y aumentar la energía atmosférica en los próximos meses”, resume el comunicado.
Para medir las anomalías de temperaturas vinculadas a El Niño y al fenómeno opuesto de enfriamiento, La Niña, se toma como referencia un área del Pacífico ecuatorial central. Es la denominada región Niño 3.4. Según los datos recabados por la plataforma Climate Brink, que lideran los investigadores expertos en cambio climático Andrew Dessler y Zeke Hausfather, el sábado 19 de septiembre se alcanzó en esa zona una anomalía de 3,07 grados Celsius —tomando como referencia el periodo comprendido entre 2005 y 2025—. Es una anomalía similar a la registrada en noviembre de 2015, durante El Niño que marcó el récord. Y lo que prevén estos dos científicos es que en noviembre de este año, durante el pico, se llegue a los 4 grados. (Manuel Planelles, El País, 23 septiembre)
Canadá destina 1.200 millones de dólares a la protección de los océanos mientras impulsa la construcción de un oleoducto
Los científicos celebran la llegada de nuevos fondos, pero siguen siendo cautelosos ante el posible debilitamiento de las protecciones ambientales.
El primer ministro Carney otorgó una inversión de 1200 millones de dólares canadienses durante cuatro años para proteger el medio ambiente marino, que podría verse sometido a una mayor presión por el tráfico marítimo que generaría el oleoducto que transportaría petróleo desde Alberta hasta la costa de Columbia Británica, mismo que fue declarado proyecto de importancia nacional.
Según la nota de prensa, anticipándose a las críticas, el gobierno de Carney anunció la inversión de 1200 millones de dólares canadienses durante cuatro años para proteger el medio ambiente marino, que podría verse sometido a una mayor presión por el tráfico marítimo si el controvertido oleoducto sigue adelante.
Hay mucho en juego. El medio marino de Canadá proporciona 3700 millones de dólares anuales en productos del mar, y el turismo genera cuatro veces más. Decenas de tribus indígenas, conocidas como Primeras Naciones, tienen profundos lazos espirituales con los océanos Pacífico, Atlántico y Ártico del país.
Aún no está claro cuánto de los nuevos fondos se destinarán a la investigación y estará disponible para científicos no gubernamentales. La mayor parte —740 millones de dólares— se utilizará para gestionar el aumento del tráfico marítimo, por ejemplo, reforzando la capacidad de vigilancia de la Guardia Costera canadiense. Los planes también incluyen financiación para intensificar la vigilancia pesquera y ampliar las investigaciones sobre el ruido submarino procedente de buques, construcciones marítimas y otras fuentes.
Boris Worm, ecólogo marino de la Universidad de Dalhousie, se muestra especialmente entusiasmado con los planes para ampliar el seguimiento del ruido submarino, que puede estresar a los mamíferos marinos y otras especies silvestres. «Me parece un esfuerzo serio para abordar este problema», afirma, y podría servir de modelo para otros países. Rashid Sumaila, economista de la Universidad de Columbia Británica (UBC), añade que la nueva financiación es sustancial en comparación con inversiones anteriores y podría tener «un impacto significativo si los recursos se utilizan estratégicamente para abordar áreas prioritarias de los vastos ecosistemas marinos de Canadá».
Pero Marie Auger-Méthé, ecóloga de la UBC, duda de que la nueva financiación sea suficiente para mitigar el daño a las especies causado por los grandes proyectos. Además, este objetivo se ve comprometido por los recientes recortes presupuestarios en el Ministerio de Pesca y Océanos de Canadá, que como consecuencia ha perdido a más de 180 expertos desde enero. «Nuestro compromiso con la ciencia se mantiene», declaró la ministra de Pesca, Joanne Thompson, en junio.
(Erik Stokstad. science.org, 2 octubre)
Suiza cubre un glaciar con mantas de lana de oveja para frenar el deshielo y los primeros resultados muestran que protegen casi igual que el plástico
Dos grandes mantas de lana de oveja han pasado el verano sobre el glaciar de Tsanfleuron, en los Alpes suizos. Los primeros resultados apuntan a que protegieron la nieve y el hielo casi tan bien como una cubierta sintética convencional. Es una buena noticia, aunque todavía no es un resultado definitivo.
La prueba, llamada «Keep It Wool», busca sustituir parte del plástico usado en zonas glaciares por un material local y biodegradable. Pero conviene poner los pies en el hielo. Estas cubiertas solo alcanzan alrededor del 0,02 % de la superficie glaciar de Suiza y no pueden frenar por sí solas el calentamiento global.
Dos mantas sobre el hielo
El ensayo comenzó el 22 de junio de 2026 en Glacier 3000, cerca de Les Diablerets. El equipo colocó dos mantas de lana de 10 por 10 metros y distinto grosor, lo que suma 200 metros cuadrados, junto a una cubierta geotextil sintética del mismo tamaño para poder compararlas en condiciones reales.
Unas estacas instaladas en el centro de cada zona permitieron seguir la pérdida de nieve y hielo. Las mediciones se realizaron cada dos semanas hasta septiembre. Así se pudo observar no solo el aislamiento de la lana, sino también su comportamiento frente al viento, la lluvia y los cambios bruscos del tiempo en alta montaña.
La idea nació de cuatro estudiantes de máster y se convirtió en una colaboración entre Summit Foundation y la Universidad de Lausana. Fisolan fabricó las mantas, Glacier 3000 acogió la prueba y especialistas de la red GLAMOS aportaron asesoramiento científico.
Un resultado aún preliminar
Tras un verano, las observaciones iniciales indican que los dos prototipos ofrecieron una protección comparable a la lona convencional. «Ahora tenemos un resultado que podemos ver e incluso tocar. Funcionó increíblemente bien», explicó el estudiante Elliot Gaffiot a Reuters.
Eso no significa que la eficacia exacta ya esté demostrada. La organización advierte de que los datos todavía deben analizarse y no ha presentado un estudio revisado por pares con todos los resultados. El matiz importa.
Los geotextiles blancos convencionales pueden evitar entre el 50 y el 70 % del deshielo en el área que cubren, según el portal científico suizo sobre nieve, glaciares y permafrost. Esa horquilla sirve como referencia general, pero no debe presentarse como un porcentaje ya medido para estas mantas de lana.
Por qué usar lana
Las cubiertas actuales suelen fabricarse con fibras sintéticas como poliéster o polipropileno. Reflejan parte de la radiación solar y reducen el intercambio de calor, pero el viento, la lluvia y el desgaste pueden desprender fibras que terminan en la nieve, el agua de deshielo y los arroyos de montaña.
La lana ofrece otra vía. Es renovable, biodegradable, aislante y puede obtenerse cerca. Según una estimación citada por los promotores, entre el 40 y el 70 % de la lana suiza queda sin aprovechar o se desecha cada año.
En la práctica, el proyecto da utilidad a un material desaprovechado y busca reducir las fibras plásticas en un entorno muy sensible. No es poca cosa, aunque aún habrá que estudiar el coste, la duración y la huella completa de las mantas.
El 0,02 % lo cambia todo
La cifra que pone el experimento en perspectiva procede de un inventario científico con datos hasta 2019. Este estimó que los geotextiles cubrían 0,18 kilómetros cuadrados, alrededor del 0,02 % de la superficie glaciar suiza, y preservaban temporalmente hasta 350.000 metros cúbicos de hielo al año. No es un censo nuevo de 2026, aunque el proyecto sigue usando ese orden de magnitud.
¿Qué significa esto en la práctica? Las lonas pueden mantener una pista de esquí, proteger una instalación o guardar nieve para el invierno. Extenderlas sobre glaciares enteros exigiría enormes cantidades de material, dinero y trabajo, y aun así solo trataría el síntoma.
La escala del problema es otra. En 2025, Suiza perdió 1,4 kilómetros cúbicos de hielo y el propio Tsanfleuron registró su segundo peor balance de masa, solo por detrás de 2022, según el último informe anual de GLAMOS. Una manta puede conservar el hielo que tiene debajo durante un tiempo, pero no puede enfriar la atmósfera ni sustituir la reducción de los gases de efecto invernadero.
Qué falta por saber
El siguiente paso será analizar las mediciones y comprobar qué grosor funcionó mejor. También habrá que saber cuánto dura la lana, si puede reutilizarse y cuánto cuesta frente al geotextil sintético. Ahí se decidirá si el prototipo puede convertirse en una opción práctica.
Su mayor valor quizá no sea «salvar» un glaciar, sino mejorar una intervención que ya se realiza en lugares muy concretos. Allí donde una cubierta resulte necesaria, cambiar fibras derivadas del petróleo por lana local podría reducir residuos y dar salida a un recurso olvidado. Esa es la promesa real.
Pero el mensaje de fondo no cambia. La lana puede proteger pequeños puntos del hielo y evitar parte de la contaminación de las lonas sintéticas, mientras que conservar los glaciares a largo plazo exige recortar las emisiones. (Ecoticias.com, 19 septiembre)
La nota oficial con los resultados iniciales ha sido publicada por Summit Foundation.
https://www.ecoticias.com/cambio-climatico/glaciar-suizo-cubierto-lana-oveja-deshielo
Incendios en Colombia: los impactos más críticos asociados a El Niño están por venir
El departamento de Tolima es una de las regiones de Colombia que lleva enfrentándose a los incendios desde hace casi 60 días. En este departamento de la zona Andina ya se reflejan algunos de los efectos asociados con El Niño, como el incremento en la temperatura promedio y la reducción de las lluvias. Sin embargo, el fuego está lejos de terminar pues se avecinan los meses más críticos de este fenómeno de gran intensidad que persistirá hasta febrero de 2027, de acuerdo con estimaciones de la Organización Meteorológica Mundial.
Hasta el 28 de septiembre, en Colombia permanecía un incendio activo y cinco más controlados, tres de ellos en Tolima, donde en los primeros días del mes sólo llovió el 23 % de lo normal, con el 85 % del departamento en déficit severo de lluvias, de acuerdo con un diagnóstico de la Gobernación.
Por ahora, la región Andina ha concentrado más del 92 % de las alertas por incendio en el país. Valle del Cauca, Tolima y Huila tienen las advertencias rojas identificadas por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), que en total registró alerta para 64 municipios en su último reporte.
Aunque los efectos asociados con El Niño afectan principalmente a las regiones Andina, Caribe y del Pacífico, este fenómeno será el más intenso en décadas y sus efectos se sentirán en otras regiones como la Amazonía y la Orinoquía, además de que persistirán hasta mediados de 2027.
Especialistas consultados por Mongabay Latam explican cómo la intensidad de El Niño se está reflejando en los incendios que enfrenta Colombia, cuáles pueden ser los impactos más allá del fuego y qué medidas se deben fortalecer ante este fenómeno que será de larga duración en el país.
Incendios más intensos en Colombia
El incremento de las temperaturas, junto con la baja precipitación y las actividades humanas, como la quema de pastizales para actividades agrícolas, están generando incendios cada vez mayores en la región andina, que concentra, por ahora, los puntos críticos.
El departamento de Tolima está enfrentando estos incendios con un déficit severo de lluvias, una ola de calor sostenida y la disminución del agua de ríos, de acuerdo con la gobernadora Adriana Magali Matiz, y la directora de la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima), Olga Lucía Alfonso.
En 57 días, Tolima ha registrado 270 incendios forestales en 44 de los 47 municipios del departamento. Los siniestros en Ortega, Chaparral y Prado fueron los últimos activos, según autoridades locales.
Aunque existe un impacto desigual en los municipios del departamento, el territorio ya vive un aumento de 2.8 grados por encima del promedio histórico y con la disminución en 11 de 15 caudales de ríos monitoreados. Por ejemplo, el río Gualí perdió más de un tercio de su caudal (36 %) en 20 días, mientras que el sistema del río Magdalena la reducción del caudal fue de 27.2 %.
“Nuestras alertas de incendios forestales se mantienen concentradas en los departamentos de la parte central del país”, dice a Mongabay Latam la teniente coronel Carolina Rueda, subdirectora de Meteorología del Ideam, al mencionar las regiones más críticas.
Entre los sectores destaca el departamento de Boyacá que tuvo fuertes incendios en Villa de Leyva, Chíquiza y el Santuario de Fauna y Flora de Iguaque, donde después de siete días y largas jornadas de trabajo se logró controlar el fuego dentro del área protegida.
Para Rueda, las autoridades y ciudadanos de estas regiones no pueden bajar la guardia, pues advierte que los incendios continuarán.
“Esperamos que con el incremento de las condiciones del fenómeno de El Niño, especialmente hacia los meses de diciembre y enero, se exacerben y empiecen a tener un mayor impacto en la generación de las condiciones propias para los incendios forestales”, explica.
Desde Boyacá, el biólogo Felipe Rubio Torgler, quien fue director del Santuario de Fauna y Flora de Iguaque, explica que el cambio de paisajes naturales en la región ha provocado mayor aridización de zonas que antes eran más resistentes al fuego y hoy son más vulnerables, como los bosques andinos.
“Uno entra al bosque y encuentra árboles que son muy sensibles a la variación de la humedad relativa y a la disponibilidad de agua en la atmósfera y el suelo. Están sufriendo un estrés hídrico que nunca habían sufrido y que yo no había visto en estos bosques en los últimos 40 años”, cuenta Rubio a Mongabay Latam.
Para Carlos Devia, profesor de la facultad de estudios ambientales y rurales de la Universidad Javeriana, los incendios forestales en esta región del país ya están reflejando una intensidad de El Niño en Colombia que va más allá del aumento de las temperaturas.
“El fenómeno de El Niño entra con toda su fuerza porque además propicia que algunas plantas emitan compuestos volátiles orgánicos y son inflamables. A esto se suman los vientos, que vienen de la mano de fenómenos que se están documentando de manera particular”, señala el especialista.
La Organización Meteorológica Mundial ha advertido que en 50 años de medición no se había hecho una movilización para prevenir los efectos por el fenómeno de El Niño, que se intensificará por el calentamiento del océano Pacífico.
La teniente coronel Rueda agrega que esta intensidad ya se ha reflejado en el incremento de las temperaturas en los últimos meses, donde el aumento promedio fue de cerca de 1.3 grados.
“Estamos teniendo reportes de descenso en los ríos principales del país, Cauca y Magdalena. Hay sectores del Caribe que ya están reportando ruptura de los récord de temperaturas históricas”, advierte Rueda, quien tiene claro que lo más complicado para Colombia será en el cierre del año. “Apenas estamos empezando el pico de lo que podría ser la mayor intensidad de este fenómeno”, agrega.
Estos meses críticos, de acuerdo con la subdirectora de Meteorología del Ideam, implicarán también incendios cada vez más intensos y de mayor dificultad para controlar debido a la pérdida de humedad del suelo y de la vegetación. “No solo los suelos van a ser cada vez más susceptibles a los incendios forestales, sino que los incendios serán cada vez más voraces y más incontenibles”, sostiene.
Las regiones más vulnerables al fuego
Si bien gran parte del país está expuesta a los incendios, Rubio comenta que las regiones más vulnerables serán aquellas donde ya había señales de aridez y que ahora se agudizan con los efectos tanto de El Niño como de la crisis climática. Estos se traducen en materia vegetal seca que sirve como combustible para potenciales incendios, como los pastizales, bosques andinos e incluso los páramos.
“Hay bosques andinos colindando con zonas semiáridas o subhúmedas y húmedas, pero con esta aridización dada por El Niño y por el cambio climático se han secado aún más y están en un altísimo peligro de extinción”, alerta el biólogo, quien considera que ahora están en mayor riesgo que nunca, pese a la alta humedad que solían registrar.
“Era imposible pensar que se incendiaran hace 10 o 20 años, pero dadas las condiciones extremas de sequía y aridización, la probabilidad es alta”, agrega.
Devia agrega un factor que complica la situación en los Valles Interandinos, la ausencia de los compuestos orgánicos volátiles biogénicos (BVOCs, por sus siglas en inglés) emitidos por árboles y vegetación, que son cruciales para liberar sustancias en la atmósfera que propician las lluvias.
El profesor de la Universidad Javeriana explica que incluso puede haber formación de nubes, pero que sin estos compuestos emitidos por los árboles difícilmente habrá lluvias.
“Si no hay vegetación por diversas razones o si no están los árboles que transpiran [los compuestos] definitivamente la puesta de agua en la atmósfera por parte de la vegetación no se va a dar y los sistemas internos van a fallar. Esos BVOCs aglutinan nubes y propician la lluvia. Si no hay árboles, chao. Nos enfrentemos a un dilema tenaz”, sostiene.
De acuerdo con la plataforma MapBiomas Fuego, una iniciativa que a partir de imágenes satelitales revela la frecuencia y alcance del fuego en Colombia durante los últimos 26 años, se han quemado 13.9 millones de hectáreas en el país entre 2000 y 2025, una extensión que equivale a más de 314 veces el tamaño de Bogotá.
El mapeo arroja que la Orinoquía concentra el 68.7 % del área quemada en este periodo, mientras que la Amazonía tiene el 13.3 % a nivel nacional.
La iniciativa revela también que durante el primer trimestre del año se concentra la mayor superficie quemada, con un 75.8 % para casi todas las regiones del país, excepto los Valles Interandinos donde los mayores porcentajes de área quemada ocurren en la temporada actual, entre julio y septiembre, con 37.62 %.
Riesgos para la alimentación, la salud y los ecosistemas
Para la teniente coronel Rueda, los impactos de la intensidad de El Niño van más allá de los incendios forestales porque afectarán sectores clave del país, como la agricultura, la salud e incluso el sector energético.
“Las condiciones en las que vamos a enfrentar este fenómeno van a ser muy críticas. Van a descender las fuentes hídricas nacionales y puede haber pérdida de cultivos, vamos a tener difusión de vectores endémicos tipo zika, dengue, chikungunya y malaria por altas temperaturas. Nuestro país depende del agua y sin agua lastimosamente no hay energía”, comenta Rueda a Mongabay Latam sobre la dependencia de las hidroeléctricas en Colombia.
Incluso, señala que impactará la movilidad para quienes deben trasladarse por vías pluviales en zonas donde los ríos reducirán sus caudales. “Este escenario nuevo al cual nos estamos enfrentando nos pone a articular nuestros sistemas de vigilancia, de monitoreo, de adaptación y de resiliencia a una condición climática que cada vez va a estar mucho más cruda”, sostiene.
Los especialistas consultados coinciden en que con áreas deforestadas los incendios también incrementarán su intensidad, por lo que llaman a implementar políticas de prevención y remediación ante los efectos del fenómeno natural.
“Lo que hay que hacer es estimular las sucesiones vegetales a través de tareas de restauración ecológica para reemplazar la vegetación que es amante del fuego y que depende del fuego para reproducirse, que es pirogénica”, comenta Rubio, quien también considera clave una mejor gestión del agua en zonas con mayor estrés hídrico y aumentar el nivel de respuesta a niveles locales ante los incendios, que todo indica aumentarán en frecuencia e intensidad. (Gonzalo Ortuño López, mongabay.com, 29 septiembre)
https://es.mongabay.com/2026/09/colombia-incendios-fuego-el-nino/
Montana. Estados Unidos. Los drones ya están en la primera línea de la respuesta a los incendios forestales.
Las agencias federales utilizan drones para mapear incendios, encontrar puntos críticos e iniciar quemas controladas, y los investigadores están probando robots en terrenos difíciles e inteligencia artificial en pronósticos del comportamiento del fuego y el humo.
Durante el incendio de Sand Creek, que lleva activo desde principios de agosto en el suroeste de Montana, el terreno accidentado y los árboles debilitados por el fuego dificultaron la labor de los equipos que buscaban zonas aún humeantes en laderas empinadas tras el paso del incendio. Por ello, en lugar de depender únicamente de los bomberos para encontrar brasas ocultas, los responsables de la extinción utilizaron aeronaves no tripuladas para localizar focos de calor.
Esta operación forma parte de una transformación tecnológica más amplia en la respuesta a los incendios forestales. El Servicio Forestal de EE. UU. está evaluando robots de extinción de incendios sobre el terreno, y los investigadores exploran cómo la inteligencia artificial podría ayudar a predecir dónde se originarán los incendios forestales y con qué rapidez se propagarán. Las agencias federales ya utilizan drones para mapear incendios, detectar focos de calor e iniciar quemas controladas, y están probando su capacidad para lanzar espuma y agua contra incendios.
“Los drones son ahora una herramienta fundamental en la respuesta federal a los incendios forestales, ya que proporcionan imágenes infrarrojas en tiempo real para trazar mapas de los perímetros del fuego, detectar puntos calientes y monitorear terrenos peligrosos o inaccesibles, lo que ayuda a los bomberos a tomar decisiones tácticas más seguras y rápidas”, dijo Meredith Hollowell, oficial de prensa del Servicio Forestal, en un comunicado a Inside Climate News.
La Administración Federal de Aviación (FAA) afirmó que los drones proporcionan información en tiempo real sobre la situación al detectar puntos críticos, trazar mapas de los perímetros de los incendios y ayudar en las labores de los bomberos en entornos peligrosos. (Mosabber Hossain, insideclimatenews.org, 29 septiembre)
https://insideclimatenews.org/news/29092026/drones-wildfire-response-ai-future/
